| 0 comentarios ]

autor: HARUN YAHYA

Estancamiento en los registros fósiles


Los paleontólogos que realizan investigaciones en estratos antiguos encuentran fósiles muy importantes de millones de años de edad, pero que son duplicados exactos de las arañas, moscas, ranas, tortugas y peces vivos. De acuerdo a la teoría de la evolución, estas formas de vida deberían haber presentado cambios en el transcurso de millones de años. Vivieron en los períodos más antiguos con las formas más complejas y han llegado a la actualidad sin alteraciones. En otras palabras, nunca han evolucionado. Hay un estancamiento o estabilidad en los registros fósiles, la cual – de acuerdo a lo que dicen los evolucionistas – no debería existir en absoluto.

Darwin previó que las formas de vida que se habían mantenido intactas durante incontables millones de años representarían una dificultad mayor en su teoría, y se refería a esto con frecuencia. A estas especies especiales el mismo Darwin les dio el nombre de “fósiles vivientes”.

El paleontólogo evolucionista Peter Douglas Ward enfatiza este problema de Darwin:
Aún así, el principio central de Darwin fue que la mayoría de los organismos han cambiado a través del tiempo. ¿Pero cambiaron todos a la misma velocidad o este ritmo de cambio variaba? Darwin estaba seguro de que variaba, ya que él pudo señalar una gran cantidad de criaturas que eran bastante similares a los fósiles que él había visto, algunos de estratos muy antiguos. Darwin confrontó este problema varias veces. Aunque parece satisfecho con la explicación que da en El Origen de las Especies, el mero hecho de que él llama la atención de los lectores a estos “fósiles vivientes” sugiere que no estaba enteramente cómodo con este fenómeno. él escribe, por ejemplo, “En algunos casos... formas poco organizadas parecen haber sido preservadas hasta el presente, de habitar estadios delimitados o peculiares, donde han sido sometidos a competencia menos severa, y donde sus escasos números han retardado la oportunidad de que surjan variaciones favorables”. Sin embargo, la existencia de fósiles vivientes, un término que él mismo ha creado, continúa asombrándolo, y les brinda a sus numerosos críticos un arma contra él. 1

Darwin describe a los seres vivientes en cuestión como “formas escasamente organizadas” y por ese motivo, trató de presentar este tema como un asunto menor al atribuirle a su supervivencia una supuesta justificación. Pero estos fósiles son idénticos a los especímenes actuales. Tienen características extremadamente desarrolladas. Y su supervivencia no puede ser explicada simplemente con los pocos y simplistas pretextos que hasta el mismo Darwin tenía dificultad en creer.

Para aquellos que vinieron después de Darwin, el problema fue mucho menos limitado que en la época de Darwin. El número de fósiles excavados de muchos de los estratos de la Tierra estaba acrecentándose en millones. Sus búsquedas de formas intermedias concluyeron en el descubrimiento de fósiles vivientes: Los restos que emergieron de estratos con millones de años de antigüedad tenían la misma forma que sus homólogos poseen en la actualidad, y esto representa una de las pruebas más significativas del estado de colapso que enfrenta la teoría de la evolución.

Darwin puede haber estado incómodo con la existencia de fósiles vivientes en su época, pero no tenía conciencia de cuán diversos eran, e ignoraba cuántos especímenes fosilizados surgirían en los años siguientes. En los años siguientes, constantemente surgieron especímenes de fósiles vivientes en lugar de las formas intermedias que Darwin esperaba, lo cual fue una gran desilusión para él y su teoría.

Hasta ahora, millones de fósiles vivientes han sido excavados de los estratos de la Tierra. Mientras que a algunos de ellos se les da un lugar prominente en los medios de comunicación, la gran mayoría han sido relegados a las bóvedas de varios museos. Sin embargo, la existencia de fósiles vivientes es muy grande para ser encubierta escondiéndolos porque cada estrato que contiene fósiles, al ser investigado, produce constantemente nuevos especimenes de fósiles vivientes. Aquellos que sigan los progresos en los medios pueden imaginarse que hay solo unos pocos fósiles vivientes, y que rara vez son excavados. Pero este no es el caso en absoluto. Estos fósiles – representantes anteriores de las formas de vida actuales, pero de millones de años de edad – son encontrados en todas partes.

Este estancamiento en los registros fósiles, la cual Darwin no pudo justificar, tampoco pudo ser explicada por aquellos que vinieron después de Darwin. Al comienzo, los evolucionistas sostenían que (por ejemplo) las cucarachas de 350 millones de años se habían mantenido sin cambios porque “tenían la habilidad de vivir en todos los ambientes y alimentarse de muchas maneras distintas.”

Los evolucionistas casi nunca discutían la cuestión de cómo un insecto de 350 millones de años de edad surgió en primer lugar completo, con todas sus características complejas en un período que era, de acuerdo a los mismos evolucionistas, excesivamente primitivo. Ignoraron deliberadamente el hecho de que sin importar qué tan bien se había adaptado a su medio ambiente, este insecto debería no obstante, de acuerdo a la afirmación de la teoría de la evolución, haberse desarrollado gradualmente.

Posteriormente se hicieron otras afirmaciones similares con respecto a otras formas de vida. Aunque un lagarto tuátara de 200 millones de años de edad había llegado sin cambios a la actualidad, continuaban manteniendo que todos los seres vivientes sufrieron una evolución gradual. Pero por alguna razón, esta afirmación no se aplicaba a las cucarachas, las que se multiplican a gran velocidad, y a la archea – la que puede multiplicarse incluso en segundos, pero de la cual han sido encontrados fósiles que datan de hace 3500 millones de años.

Este es el motivo por el cual los evolucionistas le dan una importancia prominente a sólo algunos de los fósiles vivos. Inventar justificaciones no científicas, ilógicas e inconsistentes basados en unos pocos ejemplos no es nada fuera de lo común para los evolucionistas. Si a todos los fósiles vivos se les diera la misma importancia, no sería ni posible ni creíble inventar una justificación para cada uno de ellos.

La revista New Scientist describió la constante necesidad de los evolucionistas de encontrar excusas inválidas, y la forma en la que estas no podían dar fruto, al decir que “Las limitaciones evolucionistas no pueden explicar la persistencia de todos los fósiles vivos”. La revista continúa, diciendo:

Todo esto deja un panorama bastante complicado... Sea general, o específico. Que viva lento, o rápido. Se mantenga simple, o no. Esté en el lugar correcto a la hora correcta. Si todo lo demás falla, intente convertirse en una “superespecie”, bendecida con una fisiología que puede soportar cualquier cosa. 2

Para decirlo de otra forma, los darwinistas están dispuestos a atribuir la existencia de fósiles vivientes a cualquier causa que no sea el hecho de la Creación. Si todas sus explicaciones carecen de validez, entonces considerarán un organismo en particular como una “superespecie”, tal como lo expone claramente New Scientist. Lo único que no se puede hacer, a los ojos darwinistas, es admitir que la forma de vida en cuestión fue “creada”.

Estas inconsistentes afirmaciones – detrás de las cuales se escondió Darwin y las que los darwinistas actuales evitan mencionar – han sido totalmente demolidas ante los números extraordinariamente altos de fósiles que exhiben estancamiento. Son más los “fósiles vivientes” que los escenarios que los evolucionistas puedan inventar, y claramente indican que la evolución nunca tuvo lugar.

De acuerdo a la teoría de la evolución, un animal que se parezca a un lobo actual entró al mar un día, y en 50 millones de años, sus descendientes se convirtieron en un mamífero marino gigante como la ballena 3. Si, a pesar de su evidente falta de lógica, la evolución puede convertir un mamífero terrestre en un espacio de tiempo geológico relativamente breve, ¿cómo pudo la salamandra mantenerse sin cambios durante 160 millones de años? Ningún evolucionista tiene la respuesta científica a esa pregunta.

Además, esto se aplica no sólo a la salamandra sino a incontables especies y ejemplos de fósiles vivientes actuales, y usted verán especímenes de estos en los siguientes capítulos de este libro. Numerosos especímenes confirman el estancamiento en los registros fósiles, tal como lo afirma el evolucionista Niles Eldredge, un paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural:

El estancamiento se encuentra profusamente documentado como el patrón paleontológico predominante en la historia evolutiva de las especies. 4

Los especímenes descubiertos demuestran que hace millones de años, un gran número de seres vivientes tenían las mismas características anatómicas que tienen hoy. De hecho, el 84% de la familia de insectos que existían hace 100 millones de años están vivos hoy.5 La experta en botánica Margaret Helder cita las opiniones de Niles Eldredge y describe esta magnífica diversidad en fósiles vivientes de la siguiente manera:

La caracterización de un organismo como un fósil viviente básicamente depende del grado de similitud que busque el observador entre criaturas fósiles y vivientes. Si la definición es en términos de categorías generales de organismos, como esponjas en general, o helechos en general, o incluso grupos específicos de helechos, entonces, dice Niles Eldredge: “...medidos con esa vara, virtualmente todo es un fósil viviente.”6 Si uno permite que su definición sea así de amplia o no, es seguro concluir que los fósiles vivientes no son poco frecuentes. 7

Sin duda, la aparición de estas formas de vida en números elevados no es sorpresa alguna para cualquier individuo racional. Si la gente puede ver que Dios ha creado todos los seres vivientes, entonces pueden entender también las pruebas que se manifiestan en los registros fósiles. A través de la historia de la vida, los organismos no evolucionaron, sino que surgieron de repente, y con las características más complejas y perfectas.

Esto demuestra que todos los seres vivientes son creados. Es fácil para Dios crear un ser viviente que exista hoy con las mismas características sorprendentes que él también creó hace millones de años. Para aquellos que pueden valorar esto, la existencia de los fósiles vivientes es una de las pruebas de que fueron creados por Dios. La Tierra no provee evidencia alguna de la evolución tal como fue afirmada por Darwin, por el contrario confirma el hecho de la Creación. Niles Eldredge es sólo uno de los evolucionistas que admiten esto:

La simple extrapolación no funciona. Descubrí esto en los años 60, mientras intentaba en vano documentar ejemplos del cambio lento, constante y direccional que todos pensamos que debería haber, desde que Darwin nos dijo que la selección natural debería dejar precisamente una señal tan delatora cuando recolectamos nuestros fósiles en paredes de acantilados. Encontré, en cambio, que una vez que las especies aparecen en los registros fósiles, no tienden a cambiar demasiado. Las especies se mantienen imperturbablemente, implacablemente resistentes al azar como un resultado natural. 8

Todo esto demuestra que las afirmaciones evolucionistas alrededor de “evidencia en los registros fósiles,” “el proceso evolutivo,” y “cambios graduales y puntuados en seres vivientes” son meras especulaciones. Nadie que observe los hechos puede creer tal conjetura darwinista – afirmaciones especulativas que serán demolidas de forma más detallada en los capítulos siguientes.

Pierre-Paul Grassé, el mundialmente reconocido zoólogo y evolucionista francés, explica este error evolucionista:

La “evolución en acción” de J. Huxley y otros biólogos es simplemente la observación de hechos demográficos, fluctuaciones locales de genotipos y distribuciones locales. Con frecuencia las especies en cuestión se han mantenido prácticamente sin cambios por cientos de siglos. La fluctuación como resultado de circunstancias, con modificaciones previas al genoma, no implica evolución, y tenemos pruebas tangibles de esto en muchas especies pancrónicas [o sea, fósiles vivientes que continúan iguales por millones de años]...9

Es esencial que los gobiernos de los países en donde se desentierran especímenes de fósiles vivientes les den importancia y los presenten al mundo como evidencia científica importante. De otro modo, una concepción que hace caso omiso a los hechos científicos – en otras palabras, la teoría de la evolución – continuará disfrutando de apoyo incondicional por medio de propaganda y engaño. Los registros fósiles que documentan la historia de la vida en la Tierra demuestran que los seres vivientes nunca evolucionaron, sino que aparecieron súbitamente junto con todas sus características complejas. Dicho de otro modo, los fósiles documentan la Creación.

Las personas que no poseen un interés muy cercano en los asuntos científicos imaginan, basados en los reportes de la prensa, que los especímenes fósiles se encuentran en excavaciones con muy poca frecuencia. Una vez más, la prensa los alienta a creer que los fósiles encontrados son evidencia de la supuesta teoría de la evolución.

Sin embargo, la verdad es muy diferente. Millones de fósiles han sido descubiertos hasta la fecha, y miles más siguen siendo extraídos en Gran Bretaña, el Líbano, Rusia, Canadá, Madagascar, China, EE.UU., Brasil, Perú, y en todo el mundo. Estos fósiles son conservados en museos de diferentes países del mundo, o en las colecciones privadas de científicos e investigadores. No importa cuánto distorsionen los evolucionistas estos fósiles cuando los exhiben al público o cuán frecuentemente busquen mantener la mayor parte de los registros fósiles fuera de la mirada del público, no es posible que sigan ocultando los hechos.

Los hechos revelados por los fósiles son los siguientes:

1. La vida no surgió en etapas. Todas las especies – ya sea vivas o extintas – aparecieron de pronto en los registros fósiles.

2. Los organismos vivos nunca han cambiado desde su primera aparición en la Tierra, ni durante toda su existencia.

En otras palabras, la tesis darwinista de que las especies vivas descienden la una de la otra a través de pequeños cambios es totalmente inválida. La verdad es que Dios creó todos los seres vivos de la nada.

Los darwinistas no pueden señalar un sólo fósil que demuestre que los seres vivos han evolucionado. Pero mientras tanto, los millones de fósiles que se exhiben en cientos de museos, escondidos en las bóvedas de un gran número de museos, conservados en los departamentos de paleontología de universidades o guardados en las colecciones de científicos e investigadores, todos nos dicen que los seres vivos fueron creados. Al enfrentarse con los crecientes números de estos fósiles sin cambios, los evolucionistas no tienen otra alternativa que aceptar que no avalan la evolución.

Es más, muchos evolucionistas ahora admiten que aunque el registro fósil es extremadamente rico, esta riqueza no apoya a la teoría de la evolución – al contrario, la invalida. Un ejemplo es el profesor T. Neville George, de la Universidad de Glasgow.

Ya no hay necesidad de disculparse por la pobreza de los registros fósiles. De alguna manera se ha vuelto casi inmanejablemente rico, y los descubrimientos están superando la integración… los registros fósiles sin embargo siguen estando compuestos de brechas. (T. Neville George, “Fósiles en la perspectiva evolucionista” Science Progress, Vol. 48, Enero de 1960, P. L.)


1. Peter Douglas Ward, On Methuselah's Trail, W. H. Freedman and Company, 1992, p. 10
2. “The Creatures Time Forgot,” New Scientist, 23 October 1999, p. 36
3. “Balinalarin Evrimi” (The Evolution of Whales), National Geographic Turkey, November 2001, pp. 156-159
4. Niles Eldredge, Reinventing Darwin, 1995, p. 77
5. http://www.icr.org/index.php?module=articles&action=view&ID=774
6. Eldredge and Steven M. Stanley. Eds., 1984, Living Fossils, New York Springer Verlag, 1984, p. 3
7. Margaret Helder, “Living Fossils: How Significant Are They?”; http://www.create.ab.ca/articles/lfossils.html
8. Niles Eldredge, Reinventing Darwin, 1995, p. 3
9. Phillip E. Johnson, Darwin On Trial, Intervarsity Press, Illinois, 1993, p. 27